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49.8678° N · 15.2862° E — Retiro de oscuridad · a una hora de Praga
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La primera noche en un retiro de oscuridad: lo que pasa de verdad

Tienes el dedo en el interruptor. ¿Y ahora qué? La primera noche en oscuridad total, tal como la hemos visto con más de 3000 personas desde 2013.

Tom & Lenka 6 min de lectura

Interior de una cabaña de retiro de oscuridad: cama, esterilla y estante, con la luz encendida

Es sábado por la tarde, o miércoles, o martes, según lo que hayas reservado. Has deshecho la maleta, sabes dónde está la cama y dónde el hervidor. Tienes el dedo en el interruptor. Dentro de un segundo todo estará más oscuro que nada que hayas conocido: más que una habitación de hotel con las cortinas echadas, más que una noche sin luna en el campo. ¿Qué pasa de verdad la primera noche de un retiro de oscuridad? Lenka y yo hemos acompañado a más de 3000 personas en ese momento desde 2013, así que te lo podemos contar bastante bien. No al detalle, porque cada persona es distinta, pero sí lo bastante como para que casi nada te pille por sorpresa.

La última hora con la luz encendida

Antes de apagar nada, da una vuelta despacio por tu cabaña. No se tarda mucho. Hay una cama de madera de 200 × 90 cm con somier de láminas, colchón de espuma, almohada, edredón y sábanas limpias. Una ducha con agua caliente, un plato hondo y un pequeño asiento. Un lavabo, un váter, ganchos para tus cosas, una balda junto a la cama y sitio debajo. Una esterilla y un cojín de meditación. En la entrada hay una balda para la comida y tu termo.

Ahora haz el recorrido unas cuantas veces con los ojos cerrados: cama – váter – ducha – hervidor – cama. Y dale a cada cosa tuya un sitio fijo. En la oscuridad, el «lo dejo aquí un momento» se convierte en diez minutos de búsqueda del tesoro a cuatro patas.

Interior de una cabaña de retiro de oscuridad: cama, esterilla y estante, con la luz encendida
La cabaña con la luz encendida: dentro ya no la verás así

Clic. Y luego nada… bueno, casi

La oscuridad en nuestras cabañas es total. No te ves la mano delante de los ojos, y por mucho que esperes, eso no cambia. Durante un rato tus ojos siguen buscando una rendija de luz de todos modos. No la van a encontrar.

Entonces mandan los oídos. Con la ventilación apagada, de noche hay unos 24 decibelios en la cabaña, más o menos el nivel de unas hojas moviéndose. Con la ventilación al mínimo oirás un zumbido suave y uniforme. Y luego se suma el campo: uno de nuestros dos perros, un gallo por la mañana y, de vez en cuando, un caza Gripen de la base aérea de Čáslav, a 12 km. El gallo no tiene ni idea de que estás de retiro 🙂 Si los ruidos te molestan, te prestamos tapones u orejeras.

La mente monta una pequeña pataleta

Esta es la parte que casi nadie espera. El cuerpo se tumba y la cabeza se pone a todo volumen. La lista de la compra. Ese correo que no contestaste. Una conversación de hace tres años. Y, tarde o temprano, una vocecita: «¿Pero qué hago yo aquí?».

Esa voz es completamente normal. Yo pasé una semana en la oscuridad, así que la conozco bien, y casi todas las personas que vienen se la encuentran en algún momento. No es señal de que algo vaya mal. Es sencillamente lo que hace una mente cuando, por una vez, no le llega nada de fuera. ¿Qué hacer con ella? Poca cosa. Respira, déjala hablar y no discutas. Sus intentos de convencerte de que todo esto no tiene sentido se pueden ignorar alegremente.

Llamémosla Lucía

Imagina a una participante; llamémosla Lucía, de Valencia. Vuela a Praga, sigue en tren hasta Kutná Hora, la recogemos y se instala. Luz apagada. Durante la primera hora, su cabeza funciona como el panel de salidas de un aeropuerto. Se pregunta por qué demonios ha pagado por esto. Se da la vuelta, y vuelve a dársela. Y luego se queda dormida sin notar en qué momento ha pasado.

Se despierta y no tiene ni idea de si son las dos de la madrugada o mediodía. Vuelve a dormirse. En algún momento aparece comida en la entrada. Cuando más tarde nos cuenta esa primera noche, le sale la frase que oímos a tanta gente: «Ha sido más fácil de lo que me imaginaba».

Lucía es inventada. El patrón, no.

Los primeros días de un retiro de oscuridad: dormir, y mucho

En un dark retreat, el comienzo es sobre todo sueño. Mucha gente nos cuenta que por fin duerme a gusto, a veces por primera vez en meses. Otras personas dormitan, se despiertan, vuelven a dormitar y pierden la cuenta del todo. ¿Eso han sido veinte minutos o cinco horas? No lo sabrás, y no pasa nada. El móvil sigue apagado, así que no hay reloj con el que discutir. El tiempo se derrite, y la primera noche eso puede resultar raro. Más adelante, a casi todo el mundo le parece un alivio.

Colores, imágenes y otras visitas nocturnas

Algunas personas ven colores o imágenes delante de los ojos, aunque no haya nada que ver. Formas, destellos, a veces escenas enteras. No es una regla, pero pasa, y puede empezar ya la primera noche. No hace falta perseguirlo ni tenerle miedo. Viene, se va, y mucha gente no ve nada en absoluto.

¿Y si quieres salir?

Pues enciendes la luz. O abres la puerta y sales al jardín. Nadie te encierra y nadie lleva la cuenta. Lenka y yo vivimos en la casa de troncos, a 50 metros; uno de los dos pasa cada día con la comida y, si algo va realmente mal, nos lo puedes hacer saber. Más o menos una de cada diez personas termina su estancia antes de tiempo. Ese número no es marketing: es sencillamente lo que pasa, y está bien así.

Un retiro de oscuridad no es para todo el mundo. Si tienes dudas por tu salud (ansiedad fuerte o ataques de pánico, claustrofobia marcada, medicación psiquiátrica), lee nuestra página sobre seguridad y para quién no es y escríbenos antes de reservar. Ante la duda, empezar por una estancia más corta es buena idea.

Un desayuno que no sabe qué hora es

Si has reservado comida, en la entrada de tu cabaña aparece la comida vegetariana de todo el día. La entrada está ahí para que la comida pueda pasar sin que entre luz en tu cuarto. Vas a por ella cuando te apetece. Si has venido sin comida, tienes tus propias provisiones y el hervidor. Comer a oscuras es una experiencia en sí misma: no hay nada que mirar, así que solo queda el sabor. Hay quien descubre por primera vez dónde tiene exactamente la boca 😉

Pequeñas cosas que ayudan la primera noche

  • Un sitio para cada cosa, para pasar la noche descansando y no buscando.
  • Los tapones a mano, para que un perro que ladra a las tres de la madrugada se quede en una anécdota.
  • La ventilación al mínimo (el interruptor está junto a la entrada): aire fresco sin el zumbido de más.
  • El móvil apagado y lejos: las ganas de mirar la hora son más fuertes la primera noche, y se pasan antes si no puedes.
  • Pocas expectativas: la primera noche no tiene que ser especial. Solo tiene que pasar.

¿Quieres saber cómo siguen los días? Echa un vistazo a cómo funciona un retiro de oscuridad con nosotros, o a las cinco cabañas.

Nos vemos en la oscuridad – Tom & Lenka

P. D. No te preocupes si no sabes si has dormido dos horas o diez. Nadie lo sabe, y en la oscuridad nadie lo necesita 🙂

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